DÍAS

Después del cierre, acostumbro a dejar todo el trabajo dentro. Pero hay días que no es posible, por su excesiva crudeza, por demasiadas familias golpeadas por la muerte, por las enfermedades, por las desgracias constantes, por circunstancias a las que uno, por más que lo intenta, no puede permanecer ajeno. Quizás lo peor de este trabajo no sea la estrecha relación con el paciente, sino con sus familias, con sus amigos, sus vecinos: el ser conocedor de su vida personal, incluso íntima, muchas veces te hace participar en sus vidas como uno más, te hace traspasar la frontera de lo profesional.

Hoy ha sido uno de esos días, de esos que no quieres que se repitan hasta dentro de mucho y que, lamentablemente, volverán. Porque siempre vuelven, porque es el ciclo de la vida, esa rueda que gira sin parar, inmutable, implacable.

Cuando comento este tipo de sentimientos con compañeros de otras ramas (médicos, enfermeros, fisios, ...) me dicen que a todo se acostumbra uno. Tengo miedo de hacerlo. Tengo miedo de perder la humanidad.

UNA REALIDAD


CAMPAÑA FAD:
"LOS PROBLEMAS DE DROGAS HOY EN DÍA NO TIENEN EL ASPECTO QUE IMAGINAS. TAL VEZ, POR ESO, NO LOS VES"

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20 DE AGOSTO DE 2008


HOY HEMOS APRENDIDO UNA DE LAS LECCIONES MÁS IMPORTANTES:
LA VIDA ES UN ABRIR Y CERRAR DE OJOS
D.E.P.

LA MATERNIDAD COMO ENFERMEDAD


Septillizos. Madre mía... nunca mejor dicho. Todo por el empeño surrealista de tener un varón, de que no se extinga una familia en una sociedad en la que las mujeres son prácticamente de vapor de agua, y sólo se materializan para parir. Pero ¿de verdad pensamos que es algo cultural?. No señores. La maternidad se sumerje en las molleras de muchas mujeres (unas por iniciativa propia, y otras, alentadas por sus parejas), apoderándose de ellas de tal manera que su vida no cobra más sentido que cumplir como fuente de vida. Ahora ya tienes tu varón, hija: ya puedes morirte tranquila.

Me cuesta muchísimo entender esa necesidad imperiosa de engendrar. Esa ansia llevada al extremo de cumplir con tratamientos infernales, millones de pruebas y varios intentos de fecundación: unos fallidos; otros, demasiado acertados, producen repentinas familias numerosas en queja continua por el coste físico, emocional y económico que supone hacerse cargo de ella... porque, claro, quieren tener uno, no dos... o tres... o siete como la egipcia. Ni que no hubiese niños en el mundo deseando tener la suerte de caer en un hogar.

El colmo del trastorno matérnico es el individuo éste que ha decidido ser madre. El narcisismo de este tipo ha llevado a que él, hombre, se deshormone para tener un hijo biológico y su mujer, que podía tan ricamente tenerlo, se hormone para darle el pecho.

Flaco favor le hacen a la ciencia, al colectivo transexual y, lo peor de todo: a su hija, a quien tendrán que explicarle toda esta paranoia algún día. Me parece absolutamente enfermizo y una forma asquerosa de hacer dinero. Que comercie con su vida me parece fenomenal, pero que monte este circo, me parece completamente detestable. Para convertirse en un hombre, hay que ser un hombre, amigo; y, antes que eso, ser una persona. Para convertirse en madre, hay que pensar sólo en los hijos, y no en uno mismo. Así que: ni hombre, ni madre.

Y, señoras, por favor, modérense:
que son ustedes algo más que un útero...

MEDICINA TRADICIONAL CHINA



La medicina china se basa en el equilibrio del "chi" (o energía vital), que se cree recorre el cuerpo de la persona, y que regula la armonía espiritual, emocional, mental y física del individuo. El estado del chi resulta de las fuerzas opuestas del "yin" («energía» negativa) y el "yang" («energía» positiva), según lo cual, la enfermedad ocurre cuando se produce un desequilibrio de las mismas, que altera el flujo del chi.

Son siete los métodos de tratamiento principales de la medicina tradicional china:

1. Tui Na o Tuiná Adelma: masaje chino


2. Acupuntura


3. Moxibustión

4. Ventosaterapia

5. Fitoterapia china o Materia médica china (incluye plantas, minerales y animales)

6. Dietética china


7. Prácticas físicas




La gente dirá lo que quiera, pero yo me sigo quedando con la medicina occidental...

NIÑO: DEJA YA DE JODER CON LA PELOTA

Decía Churchill que es más fácil gobernar una nación que educar a tres niños... hoy lo he visto con mis propios ojos. No sé muy bien de quién es la culpa, ni tan siquiera si merece la pena perder el tiempo en pensarlo, en vez de emplearlo buscando una solución. Pero lo cierto es que, la pasividad de algunos padres y madres ante los acontecimientos que protagonizan sus hijos en su presencia, es totalmente sorprendente. Será por costumbre o cansancio. A lo mejor es que están habituados a ver cómo su nene destroza sus muebles, o cómo le da por meter la manos en una estantería y tirar todo abajo, o cómo le prende fuego a la casa. Yo qué sé.



Mientras derriba media farmacia, intentas mirar a su mamá, a la vez que tratas de adivinar con cuánta virulencia va a reprenderle. La mirada es suplicante, cada vez más. Y da su fruto, piensas. Allá va. Se acerca... "Pepiiiiiito: no toques eso, anda". ¡¡¿No toques?!!. Aún tendré que agradecer que no haya venido con un bate de béisbol o una motosierra el nenito, o que no haya entrado a la rebotica y al almacén a seguir "tocando".

Ya está bien del "es que son niños". No señores, no son niños: si se les da esa educación lo único que van a ser es gilipollas. Aunque ya se sabe que de tal palo...