Durante todos estos días se escucha constantemente el estruendo de voces encontradas acerca del derecho de las personas a elegir entre la vida y la muerte. Vivir o morir es, quizás, el máximo grado de expresión de la libertad. Pero ¿realmente tenemos derecho a decidir sobre nuestra propia vida, teniendo en cuenta las circunstancias que provocan dicha determinación?, ¿realmente debe ser una decisión personal?, ¿realmente estamos capacitados para esto?.
Toda nuestra existencia es una continua toma de decisiones: los estudios, el trabajo, la casa, el coche, la pareja,... Sin embargo, todas ellas nos permiten un margen de error, de forma que siempre podremos rectificar. Si decidimos poner fin a nuestra vida, no hay marcha atrás. Si ha sido un error, nuestras familias, nuestros amigos, nuestras parejas, serán quienes paguen las consecuencias del arrepentimiento. Si no lo ha sido, probablemente les libremos de un calvario crónico.
Toda nuestra existencia es una continua toma de decisiones: los estudios, el trabajo, la casa, el coche, la pareja,... Sin embargo, todas ellas nos permiten un margen de error, de forma que siempre podremos rectificar. Si decidimos poner fin a nuestra vida, no hay marcha atrás. Si ha sido un error, nuestras familias, nuestros amigos, nuestras parejas, serán quienes paguen las consecuencias del arrepentimiento. Si no lo ha sido, probablemente les libremos de un calvario crónico.

Por otra parte, tiene que ser una decisión tan fuerte que venza el instinto natural de supervivencia, inherente al ser humano, ya que, a diferencia del suicidio, ha de ser planificado y consentido.
El último factor a tener en cuenta es el agente ejecutor. Esa persona que, por una lado, está obligada a salvar vidas a toda costa y, por otro, a terminar con ellas. La verdad es que no me gustaría estar en su pellejo.
Sin duda es un tema espinoso y controvertido. Para mí, casi imposible de legislar, porque cada caso es un mundo, y cada momento, puede ser una eternidad.
Sin duda es un tema espinoso y controvertido. Para mí, casi imposible de legislar, porque cada caso es un mundo, y cada momento, puede ser una eternidad.

12 efectos secundarios:
siempre he pensado que tanto la vida como y la muerte es un derecho y no una obligación, pero es cierto que hay algunas decisiones que no tienen vuelta atrás.
sobre todo para las personas que se quedan, es difícil tomar algunas decisiones pero sobre todo hay que tomarlas pensando en las consecuencias que tendrán para las personas que nos quieren y estan a nuestro lado
siempre me hacen reflexionar tus posts, me encanta
un besazo
Yo creo, que hay personas que no viven dignamente, no tienen una vida como puedas tenerla tú, o yo misma. Esa gente, que por lo general está postrada en una cama sin posibilidad alguna de levantarse jamás, debería poder tener al menos, la opción a decir basta. No pueden decidir sobre nada en su vida, no son libres, así que por lo menos, dejémosle la libertad de acabar con todo.
Y el agente ejecutor, desde el primer día que entró en la facultad de medicina, sabía que tendría que desconectar muchas máquinas a lo largo de su vida.
Peor debe ser para ellos, decirle a un chico de 18 años que va a morirse de leucemía, por ejemplo. Y aun así, a todo se acaban acostumbrando.
Un beso Kapi.
Yo creo que la clave la ha dado Barbijaputa, (esto...¿te importa si lo dejo en Barbi la próxima vez? jeje): a mi modo de ver lo importante es tener una vida digna.
A lo largo de mis no muchos años ya he visto como personas que quería se consumían lentamente: de seres activos y vitales pasaron a ser poco más que plantitas...Y eso es duro, muy duro. No sólo para ellas, sino para la gente que les quiere.
Pero, por otra parte, la condición humana siempre es alucinante y tengo una amiga que, a pesar de todas sus limitaciones, no duda en sacar fuerzas de flaqueza y encararse a la vida con una sonrisa siempre que sus múltiples operaciones se lo permiten.
Todo esto me ha hecho ver que ante un mismo problema no siempre existe una solución única, pero, sea cual sea la solución escogida por la persona que está sufriendo, tiene que ser respetada. Igual que tienen que respetar nuestras opciones.
Ya no me enrollo más. Un abrazo con todo el cariño.
>>es difícil tomar algunas decisiones pero sobre todo hay que tomarlas pensando en las consecuencias que tendrán para las personas que nos quieren y estan a nuestro lado
Auxi, definitivamente no. No vas a estar sufriendo una agonía terminal porque a tu marido le de pena que te mueras.
Como Barbija, opino que suficientemente jodido será para ellos asumir que las cosas sólo pueden ir cuesta abajo, como para encima estar obligándoles desde fuera a vivir una vida que no quieren. Nadie les pide que se suiciden, así que nadie debería de pedirles que vivan un inferno.
>>Todo esto me ha hecho ver que ante un mismo problema no siempre existe una solución única,
Audiencia, sí existe: el derecho a elegir si quieres quedarte con tu vida o pasar de ella. Que cada uno haga lo que considere.
>>de forma que siempre podremos rectificar.
Rectificar, a veces. A veces sólo puedes reconducir el hilo que has trazado. Muchas decisiones de la vida son irrevocables.
>>está obligada a salvar vidas a toda costa
Mentando a Barbija, con su permiso: ella es azafata, y cuando decidió serlo sabía que si había un accidente y estallaba un avión, como hace poco, iba a tener que apechugar, joderse y seguir currando. El soldado sabe que tal vez un día le pidan que deje de hacer misiones de paz y le pongan a arriesgar su culo. Y el médico debería saber que su deber no es preservar la vida a cualquier costo, y que la voluntad del paciente es lo primero. Y si eso choca con sus convicciones morales, que se hubiera hecho churrero.
A lo mejor me he puesto un poco chunga con esto, pero es que me toca mucho que aquí en Salamanca hay una médico del Opus que se negó a darle la píldora del día después a una buena amiga, y casi se la monta parda por esa suficiencia de creerse que su moral está por encima de la ajena. O de la ley, ya puestos.
Sé que es un tema conflictivo. Por eso digo que es complicado tratar de legislar algo que va más unido a lo sentimental o moral, que a lo racional.
Todos los profesionales sanitarios tenemos derecho a la objeción de conciencia. Esto es: nadie me puede obligar a hacer algo que va en contra de mis principios.
Dicho esto, quiero dar una opinión personal, sin que sirva de precedente.
Audienda: la dignidad no está en el modo de vida en sí mismo, sino en cómo uno vive, lo vive. La situación de un enfermo terminal (y cuando digo terminal, es terminal, no te vas a morir dentro de 6 meses) tiene poco que ver con la de uno postrado, o impedido (que no quiero decir que ésta sea peor), y cada persona afronta las cosas de forma distinta. Por eso también creo que una ley, al tener que generalizar tanto, no sé si sería suficientemente acertada, por lo delicado del tema a tratar.
Barbija: ninguna persona puede ser obligada a acabar con una vida. La desconexión se produce tras la muerte cerebral, que es tanto la muerte legal como física.
Jezabel: te aseguro que todo se puede rectificar, aunque tenga un coste, pero siempre se puede. En cuanto a lo de la doctora, decirte que tiene perfecto derecho a no recetarla; el error radica en que algunos creen que es un abortivo, cuando en realidad es un contraceptivo (es decir, que impide la concepción), por lo que nada tiene que ver con el aborto. Yo creo que se receta demasiado, pero por otras cuestiones que nada tiene que ver con lo religioso (un día hablaré de esto).
La verdad es que no sabría qué hacer, si llegase el caso. Sólo sé que amo la vida con locura, y que probablemente, me costaría muchísimo tomar semejante decisión.
Besos a todos.
Uff, sinceramente... no sé que pienso al respecto. Cuando lo sepa volveré por aquí.
Un saludo!
La humanidad aún no está preparada para esto, ni creo que lo esté nunca. Parece que atravesamos otro siglo XIX: el suicidio se convierte en práctica habitual, pero tratamos de racionalizarlo... ¡qué paradoja!
Estuve leyéndo tu blog anoche, pero no me atreví a contestar. Tenía que repensar mi punto de vista...
Pero he llegado a la misma conclusión: la vida es de cada uno. Es egoista, pero es la verdad. Si no quiero seguir viviendo, ¿no os parece algo absurdo que puedan "obligarme" a hacerlo?.
El tema de la gente que se queda es algo que, a simple vista también parece difícil...pero tampoco creo que lo sea. Generalmente, la gente que se plantea esto es gente que no cree en vidas futuras (el suicidio no está bien visto por la religión, por lo menos por las occidentales). Es decir, que aquellos que piensa en dejar de vivir cree que "me muero y ya". Desde ese punto te vista, por mal que esté decirlo...no me voy a enterar. Si me muero, el mundo entero se acaba, por lo menos para mi. Si la vida sigue en otro lado...que se apañe.
De todos modos, el tema es un mundo...y desde luego, ponerle leyes a esto...eso si que lo veo difícil.
etoy totalmente a favor de una vida digna y si no es así pues uno debe tener derecho a decidir,
me gustan tus fotos de pastillas, son divertidas,
bicos,
¿Un médico de la seguridad social puede incumplir una ley? Tú estarás más metido que yo en esto, Kapi, pero estoy casi segura de que no puede negarse a recetar algo así basándose en que se le pone en la punta de la pirula.
Me ha gustado mucho tu blog, kapi.
Un saludo.
Jezabel: como comentaba antes, la objeción de conciencia es un derecho que tenemos todos. Su obligación no es tratar, sino practicar la medicina. Igualmente, yo me puedo negar a dispensar la píldora del día después, o anticonceptivos, o cualquier otro medicamento, aún con receta, si considero que va contra mis principios. Y tú, el día de mañana si, por ejemplo, estuvieses en contra de la clonación, nadie te podría obligar a trabajar con células madre, o a generar transgénicos. En realidad lo que hace no está en contra de la ley, sino todo lo contrario.
Por otro lado, insisto en que los problemas con la píldora postcoital, vienen de la falsa creencia de que son un abortivo. Bien, pues lo que impiden es la anidación del óvulo, de manera que éste no se multiplica, así que técnicamente es un contraceptivo, por cierto, según mi opinión, su efecto se debe más a la suerte, y su abuso trae muchos problemas, pero ya dedicaré un post a esto.
Quiero, ante todo, comentar que no he pretendido dictar sentencia de si una persona debe o no debe decidir si quiere morir, sino hacer una pequeña reflexión sobre lo delicado y complicado que puede llegar a ser la elaboración de una ley que contemple todos los casos.
Otra cuestión sería: ¿y si algunos "aprovechan" la incapacidad legal (o no legal) de esas personas para... ejercer ese derecho?...
¿Qué opinais?...
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