SIN FINAL Y FELIZ

Tres meses, Kapi. Seis, a lo sumo. Me operaron cinco veces. La última de urgencia, porque se me había complicado una cauterización vascular de la operación anterior. Se me cayó todo el pelo: y cuando digo todo, es todo. No tenía fuerzas para salir a la calle, para reírme, para vivir... y tenía demasiadas llagas para besar a mi marido, demasiado cansancio para acoger sus abrazos... pero ahí seguía él, sin separarse de mi, a pesar de dormir al lado de un cadáver. Mi vida se desvanecía cada día, pero sin llegar a ver el final, lo que hacía que el miedo a lo desconocido se apoderase de mí cada noche. No podía cerrar los ojos porque creía que, si lo hacía, todo acabaría; a veces, cuando me creía preparada, los cerraba con fuerza para terminar de una vez, inconsciente de que no dependía de mí... o sí... Una de esas noches, en las que pensaba y quería un final, Carlitos vino a mi cuarto, apretó mi mano y chilló, entre llantos: "¡mamá, por favor, no puedes, no puedes dejarme sólo!... ¡te necesito, maldita sea!... ¡necesito crecer a tu lado!".

Me quedé helada. Pero no por la reacción de mi hijo, totalmente lógica, sino porque esas palabras hubiesen salido de la boca de un niño de 7 años.

Y ya ves, Carlitos ya es don Carlos, cada día estoy más enamorada de mi marido, y he vuelto al trabajo. Lo que más me enorgullece no es el haberme recuperado, sino que soy ese caso que le cuenta mi médico a sus pacientes, soy esa estadística a la que se agarran esas personas que no tienen la mano a la que yo me agarré.

Mañana te veo, Kapi.

Y allí me quedé, inmóvil, con la emoción contenida, recogiendo las lágrimas en mi garganta, mirando cómo se daba la vuelta y salía a la calle a seguir con su vida... su vida.

2 efectos secundarios:

Laurita dijo...

Gracias a una historia parecida, tú también formas parte de mi vida.

TQM KAPI

Jezabel dijo...

Cuando cuentas cosas como ésta, me pones los pelos de punta.